domingo, 16 de noviembre de 2008

SUEÑO


Hoy he vuelto a soñar. Sé que lo hago todas las noches, pero esta ha sido para recordar. Jamás me había ocurrido, despertarme de madrugada con desespero, para verme llorar. He vivido un sueño, he notado una realidad. Las distancias se han hecho muy cortas, tanto, que no me dejaban respirar. Era como antes, siempre con miedo, siempre con incredulidad. Tu persecución tras aquello que perdiste, era agresiva, espantosa e incesante. Después de tanto tiempo, luchabas por ello de una manera exigente. Tus actos eran demostración de aquello que poseías: impotencia intransigente a perder aquello que más querías. Discúlpame, pero ahora no es momento de explicarte que mal lo hacías. Me encerraste en tu mundo, sin pensar que era lo único que yo quería; aunque tú eras consciente, te costaba mucho hacerlo presente. Si, el miedo me obstruía, me tenías muerta en vida. Triste por tus actos, tus voces me dormían. Como en mi sueño de esta noche, tú me devorabas, no veías nada, sin preguntarte ni un segundo, que era lo que perdías. Las puertas no eran más que puertas, sencillas barreras, que te permitían entrar como en una taberna. Aquellas en las que tú te sumías, creyendo que ahogabas tu pena. Esta noche me perseguías, destrozabas todo a tu paso, y no se por quien, pero ibas acompañado. Siempre has sido un mal soldado. Recuerdo que he despertado, esta noche de madrugada. Como en todos nuestros días, tú no me ayudabas… Como siempre desde que te fuiste, me he agarrado a la almohada, he abierto los ojos y mis ojos se mojaban. Aún continuaba agarrada. Siempre en un lado de la cama, protegida por la nada, sumergida en el miedo, por volverte a ver la cara. Pensando, me he quedado dormida. Pero nada, después de esa despedida, nocturna e irreal, a mi mente tú volvías. En esta fase, el sueño me ha regalado algo. Quizá era el desespero, pero me ha ayudado. Un viejo amigo, salía de la nada, en un lugar para mi abstracto, para en ese momento, tenderme su tan ansiada mano. Una cara que no veía, en más de veinte años. No preguntes que hacía, solo sé que me ofrecía, lo que tú no has creído valorado. Un tumulto de gente, le acompañaban a su paso, ellos han hecho realidad, tu más deleitado fracaso. Tengo en mi mente, su sonrisa grabada, después de tantos años, te digo que era, tal como la recordaba. Suave y gentil, sincera y esperada. Solo me llevaba, para refugiarme de ti, de tu penetrante mirada, cuando te bebías el mundo sin mí. Como un ángel de la guarda, aunque te suene así, ha sido lo que ha hecho, para librarme de ti. Ha sido agonizante, escapar de tu vivir, nadando a contracorriente, he creído morir. Desconozco su significado, pero esto ha sido para mí, el dolor de aquellos años, que después de tanto tiempo, ha llegado a su fin. Ahora me toca ser feliz.

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