miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LA ORILLA...


 
Sembraste en mi improductiva costa

la simiente de una flor muy delicada,

con los pantalones recogidos

y tu solícito semblante,

acudías cada noche a regar la joven planta.

 

Abonaste en cada luna

sobre una tierra perecida

que lloraba todos los anocheceres

y sonreía todas las mañanas

por un sustrato que tenía y lentamente, la mataba.

 

Limpiaste tú solo esa orilla,

cuidaste hasta el último grano de arena,

incluías en tus afanes el hablarle

y cuando le susurrabas tus melodías

el azul intenso se descubría en la marea.

 

Creciste con tus atenciones la semilla

 brotando de ella los más hermosos tallos,

que en la época de sazón, inesperada,

ello te dio para nuevas y hercúleas flores

que consiguió formar un vergel, en esa triste playa.

 

Enraizaste en el oleaje sus rizomas

y en la sal, provocaste un balsámico efecto.

Transformaste con el aire y la voluntad de tu corazón

una semilla, el medio

y la excesiva densidad del líquido elemento.

 

 

miércoles, 2 de diciembre de 2009

INFECUNDO...



Me iré y tras de mi

la indigna destreza de color añil

con la que amanecí un día en nuestras vidas

y de la que tú, hiciste un descuido permanente.

 

Seré y conmigo,

todo lo que necesite mi sonrisa,

hondo, hasta lo más vacío de mi equipaje

hasta dejar de advertir este flemático ambiente.

 

Lloraré y en ese mismo instante,

habremos vertido juntos la ternura.

Tantas hojas deshojadas,

y ni un solo árbol de nuestro mundo.

Quizá te guste saber...

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