Me recuerdas al aroma del iodo
cuando me silba en la piel
y a mi piel aromada
atrevida y mohína
cuando espera el amanecer.
Me recuerdas una letra cantada
que abre caminos austeros
de estío y filigranas
que ensordece mi memoria
porque suenan y suenan las
campanas…
Me recuerdas la soledad de la
tormenta
en las tardes del puerto
en la arena picada…
como un cinturón que aprieta.
Me recuerdas un delicado
aleteo
como el de la dúctil mariposa
que de piel hace sus colores
mientras te ronda y sirve
y…lentamente, no se posa…
Me recuerdas mi memoria,
la joven dichosa…
ante la suprema desdicha,
de quererte y sentirte
de amarte en la sombra
satisfecha
de unas noches imborrables,
ausentes ya…
de una larga quimera.